Bienvenidos

Queremos darle la bienvenida a este espacio de análisis y reflexión sobre los acontecimientos políticos y sociales que suceden en nuestro país y el acontecer en el ámbito geopolítico regional y mundial.

Nuestro objetivo es analizar, estudiar y dar opinión sobre los acontecimientos políticos, institucionales y sociales que se presentan en la agenda política del país.

Vivimos momentos difíciles y convulsos a los que nos enfrentamos como sociedad, y por ello queremos analizar y entender los escenarios de gobernabilidad y gestión de las políticas que afectan de manera directa a los ciudadanos. Buscamos por tanto, comprender la actuación de los distintos actores políticos y sociales que plantean escenarios favorables al entendimiento y establecer puentes de diálogo, negociación y soluciones en el ámbito de la gestión de gobierno.

De esta forma, trataremos de aportar estudios, análisis, perspectivas y prospectiva con cierta rigurosidad científica para que sean valorados, discutidos y puesto sobre otros espacios donde pueda ser posible llegar a acuerdos y consensos en beneficio de la sociedad venezolana, y sobre todo para los futuros profesionales de las ciencias sociales que deseen ahondar en sus estudios e investigaciones. Puede ser también una herramienta muy útil para los periodistas, habidos de información y de esta forma apoyarse en opiniones más racionales al servicio de los ciudadanos.

José Rafael Mendoza Márquez
Caracas, Venezuela 2020.

La reconstrucción de la ética en las instituciones públicas venezolanas

Por: José Rafael Mendoza Márquez. 13/05/2020

Repensar la ética publica en los tiempos post-pandemia debe ser una tarea fundamental y urgente para las instituciones del Estado venezolano. El gobierno tiene la tarea fundamental de emprender una reconstrucción esencial del aparato administrativo y transformación del modelo de gestión.
El presidente Hugo Chávez, el 20 de octubre del 2012, señalaba que era gravísimo no revisar los errores cometidos, y por ende su rectificación. Así mismo orientaba a que dicho proceso implicaba la autocrítica para una actuación inmediata. De lo contrario, alertaba más adelante, se estaría liquidando el proyecto político transformador. Este mismo pueblo le había ratificado, pero también era consciente que estaba siendo muy criticado y con justas razones, y una de ellas era la falta de eficiencia gubernamental[1]
Ya han pasado varios años desde aquellas reflexiones y nada se ha hecho, por el contrario, parte de los grandes problemas que aquejan a la sociedad venezolana en la actualidad, han sido justamente la falta de eficiencia gubernamental, la falta de acierto en la toma de decisiones, la inoperancia práctica de las instituciones y la degradación ética de muchos funcionarios de alto nivel que se han beneficiado individualmente producto de la corrupción administrativa.
El ex vicepresidente Avaro García Linera destaca[2], que los proyectos políticos progresistas se fueron desarrollando en el continente década atrás, precisamente por el cuestionamiento ético al sistema político imperante, a los altos niveles de corrupción de la clase política dominante, al cuestionado modelo neoliberal que enriquecía a unos pocos, mientras mantenía sumido en la pobreza a las grandes mayorías. Esos privilegios de la cual gozaba la clase política, debían acabarse, la lucha contra la corrupción debía convertirse en un elemento moralizante de la sociedad, y sobre todo debía impulsar a los movimientos sociales para continuar desarrollando un modelo político que desempeñara su rol histórico de acercar a las masas a una sociedad más justa, mas equitativa, bajo un modelo económico humanista, defensora de los derechos ambientales y al servicio de la sociedad en su conjunto. Los mecanismos de control y lucha contra la corrupción de todo tipo de funcionario y a cualquier nivel, son pasos fundamentales para sentar las bases de un proyecto político sólido, legitimo y con fuerte arraigo popular.
La sociedad venezolana hoy demanda la necesidad de instaurar un modelo de gestión pública transparente, que le otorgue confianza, genere cooperación y accesibilidad, sobre todo un mejoramiento sustancial de la calidad de los servicios públicos. Y esta demanda es una necesidad social amplia, como lo señala Daniel Pallarés, que no sólo exige salir de la crisis socio económica, sino también de la crisis de valores y de la desafección democrática en la que está sumergida.[3]
En este sentido, las instituciones públicas venezolanas, requieren de una transformación desde el más alto nivel, y en toda la estructura jerárquica y territorial. Hay que alinear e insertar la ética de la función y el servicio público en los sistemas de gestión institucional. Un deber compartido pasa por desarrollar una Conciencia del individuo y del funcionario en su servicio al Estado,  para lo cual los mecanismos de ingreso, capacitación, comunicación, seguimiento de su labor, evaluación y promoción son esenciales. Otro elemento fundamental, pasa por la Organización, y ante las fallas presentadas, se requiere desarrollar nuevos métodos de trabajo, que permitan obtener una visión amplia para encontrar los problemas y establecer las soluciones con equipos de trabajo eficientes y liderazgos comprometidos. Un tercer elemento, es el desarrollo de los Conocimientos técnicos suficiente para poder tomar decisiones justas y en corto tiempo. Allí el ensamblaje de los líderes de las organizaciones, junto con el trabajo técnico y oportuno de los profesionales y personal de las administraciones públicas deben generar espacios para la concertación, la cooperación y la eficiencia. Como lo señaló en su obra “Contra el Burocratismo”, Ernesto Guevara, expresaba que si se conocen las causas y los efectos del burocratismo, se pueden analizar exactamente las posibilidades de corregir el mal.[4]
Rafael León Hernández, en su articulo “Gestión Ética en la Administración Pública”[5]reafirma que las personas que están comprometidas con su quehacer administrativo y de gestión, y que trabajan en las organizaciones públicas por decisión y convencimiento, haría que las medidas extremas para enfrentar los efectos de la corrupción serían menos necesarias. 
Pero para llegar a ese nivel, es necesario emprender una serie de transformaciones en el modelo de gestión, que eleve las capacidades directivas de los funcionarios, se fomente el aprendizaje e intercambio de buenas practicas, consolidar un sistema integral que fortalezca los buenos comportamientos, y que evalúe los riesgos de la corrupción y se haga un seguimiento del funcionamiento institucional.
Finalmente, la voluntad y decisión política en el mas alto nivel de gobierno es perentorio para asumir estas tareas. Los tiempos que vivimos no están para mayores análisis y debates, es urgente decisiones sin contratiempo. Las organizaciones publicas y sus liderazgos requieren que todos los empleados, funcionarios y directivos emprendan la tarea de ordenar los debates de los nuevos retos de la ética pública. Y como lo señala el profesor catalán Carles Ramió, en los tiempos post-pandemia urge que tanto a nivel de nuestras propias especialidades, como a un nivel institucional se ordene los nuevos estándares éticos a situaciones totalmente nuevas, sabiendo que no será tarea fácil, pero son las instituciones públicas las que deben fomentar este proceso de manera rigurosa e innovadora, y para canalizar dicho proceso debe darse mediante la gestión del conocimiento, la innovación y la inteligencia colectiva.[6]



[1]Golpe de Timón. Palabras de Hugo Chávez Frías. Consejo de Ministros 20/10/2012.
[2]Entrevista de Pagina 12 a Álvaro García Linera. 28/08/2016. www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-307967-2016-08-28.html
[3]Daniel Pallarés Domínguez. Gobierno Abierto: una concepción ética para la educación democrática. Revista Reforma y Democracia No. 73, CLAD 2019, Caracas.
[4]Ernesto Che Guevara. Contra el Burocratismo. Colección Ideas Claves.
[5]Integridad y Etica en la Función Pública. CLAD 2019. Pág. 11 a 40.
[6]Es el momento de repensar la ética pública. Carles Ramió. 11/05/2020 www.administracionpublica.com/es-el-momento-de-repensar-la-etica-publica/

El reto de la democracia venezolana en un mundo incierto

Por: José R. Mendoza M. 02/04/2020

El mundo ha sido sacudido por el COVID-19, se estremece la economía, la sociedad global mantiene un confinamiento general para evitar que el virus se propague y sea aun más mortal, el número de fallecimientos aumenta y se acelera diariamente el número de contagios. Los países comienzan a sufrir serias consecuencias en todos sus órdenes, sus sistemas sanitarios colapsan. Los sistemas educativos, culturales, deportivos y el turismo se paralizan por completo. El sector productivo, agroindustrial y de servicios se ven seriamente afectados y la situación genera enormes incertidumbres porque la contracción económica empieza a evidenciarse. Mientras, la sociedad muestra mayores signos de temor ante el avance de la pandemia.

En América Latina y Venezuela en particular, este escenario es el mismo, sin embargo como ya sucede en Europa y otros países del mundo, cada gobierno ha actuado por su propio lado, la falta de coordinación y cooperación se ha puesto de relieve. Algunos gobiernos lograron atender la crisis en momentos tempranos, observaron y atendieron las sugerencias de la OMS y de la experiencia China, se decidieron a tomar medidas de control y en algunos casos han sido mas efectivos que otros. Indudablemente el peso de cada economía, las condiciones de la infraestructura sanitaria y la logística de personal adecuado y capacitado ha resultado fundamental, en otros casos la ausencia de ello, esta causando estragos. Distintas medidas en el ámbito social y económico, la protección del trabajo, de los salarios y el aprovisionamiento de alimentos parece fundamental, pero no todos lo han entendido así. Unos países han primado salvaguardar la economía por encima de la salud de los ciudadanos. El modelo neoliberal se desnuda, la tesis del libre mercado y del Estado pequeño se va sepultando, y hasta los más conservadores han tenido que entender que sea el Estado y sus instituciones las que direccionen las políticas y los planes de control sobre la pandemia.

En el caso de Venezuela no ha sido nada fácil. Su economía viene siendo vulnerable desde hace varios años, existe un deterioro progresivo de su sector productivo, en la calidad de la prestación de los servicios públicos, aunado a una inflación inclemente y pérdida del poder adquisitivo de la clase trabajadora, entre otros aspectos. Hay distintas causas que explican tal situación, distintas visiones y opiniones, lo cierto es que las fallas en las políticas adoptadas por el ejecutivo, y sumado a un bloqueo económico, financiero y comercial impuestos unilateralmente por los EEUU contra el país, hacen que las condiciones se agraven.

El escenario político nacional por tanto es difícil y complejo, y ante el panorama global y lucha de la humanidad contra la pandemia del Covid-19, se requiere de un amplio acuerdo con distintos actores y sectores de la vida nacional, que junto al Gobierno Nacional, puedan entender que se requiere de cohesión y unidad estratégica para poder desarrollar planes y políticas consensuadas, eficientes y universales que puedan atenuar la crisis.

No podemos obviar que el Ejecutivo dirigido por el presidente Nicolás Maduro, se puso al frente de forma temprana de las tareas de coordinación y control contra la pandemia. Atendiendo el llamado de la OMS, de los organismos internacionales, de las opiniones de los expertos científicos chinos y cubanos, logró iniciar un plan de contención para la propagación del virus. Ha establecido un programa de aprovisionamiento de equipos médicos y sanitarios que vienen llegando gracias a la cooperación internacional (China, Rusia y Cuba) para poder realizar los diagnósticos y atender los casos positivos.  Todo ello, apoyado sobre la base de una infraestructura poco valorada, pero muy importante con la que se cuenta, como son los CDI y SRI, además del sistema público de hospitales y ambulatorios, y del sistema de salud privado, médicos y enfermeras muy capacitados y de altísima preparación profesional. Pero también, reconociendo las fallas y debilidades en las que se encuentra dicho sistema de salud público, con pocas dotaciones, deterioros de sus infraestructuras, profesionales muy mal pagados, etc. Pero que en términos generales, al contar con dicho sistema instalado, se ha podido enfrentar la crisis de una forma más adecuada.

En este ámbito, las agresiones contra Venezuela no cesan, la presión, extorción y chantaje impuesto por los EEUU y secundados por los países de la región, especialmente los del denominado Grupo de Lima. Estos han impuestos medidas de asfixio financiero y comercial, la confiscación de bienes y recursos del Estado que se encuentran en otros países, y para completar el panorama, los EEUU deciden tal como si fuesen policía del mundo, acusar al gobierno venezolano de narcotraficantes, ofreciendo millones de dólares por su ubicación y captura, y no conforme, también han anunciado un bloqueo con navíos de guerra en las costas venezolanas. Todos estas acciones han contado con la promoción y apoyo de dirigentes y partidos políticos venezolanos,  cuya finalidad es propiciar un cambio de gobierno. Y en ese marco, la lesión y daños a la ciudadanía es muy importante.

Ante este panorama, se requiere del entendimiento entre los distintos sectores políticos, económicos y comerciales del país. Es fundamental que se logren acuerdos con una visión integral, programática, renovadora y profundamente democrática para impulsar políticas públicas eficientes, no sólo en las áreas de salud y sanidad, sino en lo social, lo productivo y lo económico.

Algunos sectores y dirigentes de oposición, contrarios a la tesis de las sanciones y el bloqueo al país, han puesto sobre la mesa para un posible acuerdo con el gobierno nacional algunas propuestas de cambios en las políticas económicas e inclusive la necesidad de cambios puntuales en el gabinete ejecutivo. Otros, proponen medidas en el ámbito laboral, comercial, de producción y atención a los sectores más vulnerables. 

Sin duda alguna, es precisamente en este instante donde se requiere de la adopción de políticas coherentes, solidarias, con una visión científica tanto en las áreas de lo económico y  financiero, como en lo social. Hay que apostar más a nutrirse de los estudios y opiniones de los expertos, respetando y valorando siempre el modelo de desarrollo social. Hay que promover un cambio en las políticas económicas, la alianza con los sectores productivos, con verdaderas capacidades para elevarlas y mejorarlas. Pero también debemos centrarnos en equipos de personas con capacidades gerenciales, con una visión técnica y fresca. Los tiempos lo demandan, la sociedad lo exige y la realidad geopolítica lo imponen.

En la unidad nacional, la de todos los sectores, reconociendo el rol que cada quien cumple, y unidos en función de las directrices del Estado y su gobierno, sería un mensaje claro y contundente a la comunidad internacional, para que apoyen y también presionen a los EEUU y otros países, para que levanten y cese las miserables sanciones, el bloqueo económico y financiero contra Venezuela.

El Colapso PDVSA

Por: Enrique Carrizales 12/04/2020

La mayor parte del análisis sobre la situación actual de PDVSA ha sido muy simplificado y altamente politizado por muchos analistas, bien por ingenuidad de la geopolítica del petróleo o por simple ignorancia. Los análisis se concentran en mostrar la pérdida de capacidad de producción y refinación, la caída de la inversión, aumento de la nómina, desviación de las actividades medulares del negocio (Pdval-Misión Vivienda) y el deterioro de la infraestructura general de la industria. Siempre comparando las cifras actuales con los datos antes de 1999, con la tendenciosa intensión de argumentar políticamente que la industria fue destruida por el "gobierno revolucionario", y que una vez que este salga del poder y se reforme la Ley de Hidrocarburos volverán las inversiones para recuperarla. Tal y como lo propone el libro "Venezuela Energética" de Leopoldo López y Gustavo Baquero. Simplemente, verdades a medias muy bien amañadas para continuar la histórica estafa petrolera sobre los venezolanos.
Muchos de esos analistas parecen desconocer que la evolución del negocio petróleo mundial está cargado de episodios negros y sangrientos, movidos por gánsteres y pandilleros herederos de la antigua Estándar Oil de John D. Rockefeller, y que hoy siguen actuando en las sombras para mantener una posición dominante en las cadenas del negocio petrolero mundial. En el mundo, para ayudar a ciertos intereses y reacomodar fundamentos del mercado se tuercen otras voluntades.
Sobre PDVSA ha actuado estas fuerzas externas que ha impulsado la conveniente caída de la producción petrolera desde adentro. Sus operadores internos ayudaron a crear unos planes y proyectos fantasiosos dentro de la industria, y de un gobierno cegado en sus sueños épicos de lucha contra el imperialismo. El colapso de PDVSA es obra inequívoca de intereses externos que aprovecharon muy bien la ignorancia histórica del manejo del negocio, y más recientemente de ingenuos actores políticos llamados revolucionarios, que se creyeron el relato de que Venezuela era el centro del interés petrolero internacional por sus cuantiosas reservas de petróleo pesado y extrapesado, en un mundo en el que se agotaba el petróleo. Cuando en realidad, a la sombra de estos relatos, se estaba produciendo una revolución en la industria internacional del petróleo con la producción de crudo liviano por la fracturación hidráulica en EE.UU. (sale oil).
En ese sentido, la industria fue manejada por operadores que ayudaron a promover proyectos de expansión de producción disociados de las realidades y necesidades de los cambios del mercado petrolero mundial. El modelo de negocio de PDVSA no se adaptó progresivamente a los cambios del mercado por su alto compromiso político. Es decir, los planes de inversión, principalmente la Faja del Orinoco, mantuvieron la rigidez de un proyecto político partidista y no tuvo la reflexión de la relación costo beneficio de fundamentos de mercado. De esta manera los recursos financieros y humanos se usaron de manera ineficiente para promover proyectos que al final han sido nocivos para el presente y futuro del negocio. Además de ejecutarse en un completo desorden que permitió masificar la corrupción y la desmoralización de la fuerza laboral. Una ejecución que no fue casual e ingenua en todo sentido.
El petróleo de estas tierras nunca ha sido de los venezolanos plenamente, y probablemente nunca lo será ante la falta de una visión política nacionalista del negocio. El petróleo siempre ha estado al servicio consciente o inconsciente de los intereses energéticos de los EE.UU. Hay que recordar que este país se hizo petrolero no por evolución y decisión propia de un gobierno visionario del pasado a principios del siglo XX, sino por el interés de las compañías petroleras de EE.UU que se impusieron por todos los medios sobre gobiernos y partidos. Las trasnacionales definieron las reglas y marcaron la visión del negocio en Venezuela. Muy a pesar de las leyes de hidrocarburos y la nacionalización que ellos mismos ayudaron a concretar con sus bufetes de abogados y operadores políticos nacionales, han logrado mantener el control de la visión del negocio.
PDVSA, aunque pasó "políticamente" a manos del gobierno de Hugo Chávez en el 2003, después del paro petrolero, su estructura organizacional y visión de negocio seguía anclada a la vieja PDVSA, a la PDVSA después de la nacionalización de los años 70, la de los contratos de servicios; la PDVSA de la internacionalización de los años 80, y la misma de la apertura privatizadora de los 90. Aunque Chávez intentó romper con muchas de las prácticas y ataduras de los intereses externos, relanzó la OPEP, intentó ampliar la visión geopolítica petrolera con la participación de otros socios, y creó Petrocaribe, al final sucumbió. Y sus más leales colaboradores terminaron trabajando para desmantelar la industria.
Los venezolanos deben saber y comprender que PDVSA nunca fue nacionalizada bajo el principio de defensa del interés del negocio para todos los venezolanos. Nunca ha estado regida de manera independiente para estar al servicio del interés de los venezolanos. La nacionalización solo fue el traspaso de las operaciones a gerentes y capataces formados por las trasnacionales para cuidar y mantener sus intereses al salir de Venezuela. Y esa salida fue parte del proceso de reorganización y reducción de costos del negocio en el mundo en los años 70. Los gerentes y capataces de PDVSA en su mayoría han fungido como sátrapas, entendiendo el termino como el nombre que se dio a los gobernadores de las provincias y territorios conquistados en el antiguo imperio persa. Su función no estaba en servirle conscientemente al país, sino mantener el control y la continuidad de los intereses de las antiguas trasnacionales, y para esto desarrollaron toda una estructura meritocrática impenetrable para garantizar la continuidad y la visión del negocio. Por eso Venezuela se consideró siempre como "un proveedor seguro y confiable de petróleo para los EE.UU." Expresión manipuladora de la cual hoy día muchos se sienten orgullosos y añoran su regreso.
Aunque PDVSA se vistió de "rojo rojito" con Rafael Ramírez y su equipo técnico que venía de la vieja PDVSA, su visión y gestión del negocio seguía siendo la misma de décadas atrás. Ellos fueron igualmente formados para seguir siendo los sátrapas de una provincia petrolera al servicio de otros intereses. Tanto así, que grandes proyectos revolucionarios eran los mismos de la vieja PDVSA, pero ahora con nombres rojo rojitos, como por ejemplo la faja del Orinoco de la apertura petrolera de los años 90, ahora era la faja petrolífera Hugo Chávez Frías con nuevas variantes.
Lo relevante es comprender que, ante el cambio de los fundamentos del mercado, donde los EE.UU. reaparece como un nuevo gran productor y exportador de petróleo, gracias al petróleo no convencional, la producción de Venezuela, así como de otros productores del mercado mundial debían ir cediendo espacio en favor de la nueva producción de EE.UU. En ese sentido, propiciar la salida gradual de la producción de Venezuela, aprovechando las debilidades políticas, técnicas y humanas de su industria y su gobierno, ha sido sin dudas un objetivo tras bastidores. En geopolítica y en relaciones internacionales, la formulación de la política exterior hace uso de un sorprendente abanico de opciones y estratagemas para lograr sus objetivos y fines.
Si bien hubo cambios significativos, e intentos de ampliar los mercados del crudo venezolano en Asia, principalmente en India y China. Esto constituía también una amenaza para los planes de expansión de producción y exportación de los EE.UU., y un desafío para la contención de China, entendiendo que, el crecimiento de la demanda futura de petróleo del mundo se encuentra en esos países y que China es el principal rival económico de los EE.UU.
Una pregunta clave para entender las agresiones de EE.UU. sobre la industria petrolera nacional es: ¿Si Venezuela mantenía o ampliaba su producción más allá de 2,8 millones de barriles, y exportaba más crudo a Asia, como entraría la producción de EE.UU.?
Igualmente, vale preguntarse, ¿si la República Islámica de Irán comenzaba a incrementar su producción luego del levantamiento de las sanciones petroleras tras el acuerdo nuclear de Obama, como entraría la producción de EE.UU. al mercado mundial?
Así pues, tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca se profundizan las sanciones sobre Venezuela y principalmente a PDVSA. Los EE.UU. salen del acuerdo nuclear firmado por Obama con Irán y le imponen sanciones para llevar a cero sus exportaciones de petróleo. Por otra parte, el gobierno de Trump también sanciona la construcción de infraestructura de transporte de gas ruso a Europa. Presiona a India para que deje de comprar petróleo venezolano, y más recientemente los coacciona junto a Corea del Sur para comprar su petróleo. Los EE.UU. luego de abogar por la liberación de Libia del régimen de Muamar al Gadafi, y dejarles el conflicto migratorio a sus socios europeos, no ha hecho nada por ayudar a restituir la producción de petróleo de ese país en guerra civil. Le impuso a China una guerra comercial arancelaria, para luego coaccionarlo a firmar un acuerdo donde incluye venderle energía. Todo un conjunto de medidas unilaterales y coercitivas para garantizar el acceso al mercado de la producción de petróleo y gas no convencional de EE.UU. Además, estas acciones se han ejecutado en momentos particulares para evitar romper el frágil equilibrio del mercado petrolero mundial. Nunca antes el libre mercado había sido tan falso como ahora.
De acuerdo a datos de la Administración de Información de Energía de los EE.UU. (EIA), este país ha pasado de producir 5 millones de barriles por día (mmbd) en 2008 a más de 12 mmbd en 2019. Un aumento de 7 mmbd en 11 años. Por su parte, sus importaciones netas pasaron de más de 10 mmbd en 2005 a poco más de 3,8 mmbd en 2019, una reducción del 61,5%, lo que indica que los EE.UU., ya no es el principal importador de petróleo del mundo, aunque sigue consumiendo sobre los 20 mmbd.
En definitiva, la caída de la producción y exportación de petróleo de Venezuela es producto de una combinación de factores internos y externos complejos, que indican como nuestro petróleo ha sido desplazado del mercado en favor de la estrategia energética de los EE.UU. y sus empresas. Y ahora, que la demanda mundial de petróleo ha colapsado por la pandemia del covid-19 y que sus efectos económicos serán dramáticos, el sector de los combustibles fósiles sufrirá una radical afectación que sacará a muchas empresas del mercado, y someterá a varios países petroleros a presiones económicas y sociales.
Este escenario llama a los venezolanos a reconstruir su industria petrolera y ponerla al servicio del país. Debemos aceptar que Venezuela dejo de ser un país relevante en el mercado petrolero mundial, y que debemos superar el duelo de la perdida de la empresa que nunca tuvimos en nuestras manos. Hay que centrar los esfuerzos en construir una visión política nacionalista del petróleo, con un estado institucionalmente sólido para regular y permitir la participación privada en el negocio. Recomponer los procesos productivos para garantizar la energía a los venezolanos y a un nuevo desarrollo económico. No se puede reconstruir el país bajo los mismos paradigmas del pasado. Venezuela cambio para siempre.